Hablar del libro del Génesis es sumergirnos en un mundo simbólico el cual a pesar de parecer subjetivo y lejano a la realidad tiene su paradoja en que al comprenderlo fortalece la cotidianidad y la relación no sólo interior sino con Dios, el prójimo y la naturaleza.
En el Shefer Bereshit se lee, El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia el Oriente, y más adelante dice, En Edén nacía un río que regaba el jardín y después se dividía en cuatro brazos.
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