A lo largo de nuestra vida, la tristeza se hace presente, quizá para poder darle valor a la felicidad. Sin embargo, ambos conceptos pertenecen a la materia, por lo tanto, son pasajeros, la tristeza tiene su tiempo, su vivencia, su huida y su muerte, de manera semejante a la felicidad, que llega, se desliza en el rostro, hace latir el corazón y en un dos por tres desaparece.
Así tanto la tristeza como la felicidad, son emociones y sentimientos efímeros, necesarios para reflexionar, para crecer, para sentir el cuerpo, para dialogar con los instintos y las sensaciones. Cuando ambas habitan en el ser humano la razón, la sexualidad y la espiritualidad sostienen a la Carne, la guían y la llevan a comprender la experiencia, entonces, bajo su custodia todo viene y de la misma manera se va, incluso en este sentido D/os pareciera que no es necesario.
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