A lo largo del tiempo, la pregunta filosófica y cotidiana es, ¿Quién soy?, esto es así porque algo fundamental en nuestro desarrollo es saber qué y quiénes somos, para saberlo o comprenderlo muchos estudiosos han dedicado gran parte de su vida en reflexionar a partir de diferentes puntos de vista y de conceptos.
Por ejemplo, Heidegger, en su libro Ser y Tiempo, expone que el Ser es algo que se va construyendo con la cotidianidad, frente a ello, para las grandes religiones somos semejantes a Dios y por ende un reflejo de la Naturaleza, es decir, cada uno de nuestros instintos tiene relación con las grandes fuerzas de la Naturaleza, para las cinco grandes religiones todo lo que somos está conectado con la Creación y tiene como centro el corazón, por ello, para Oriente existen no cuatro puntos cardinales sino cinco y los sentidos son seis, siendo el primero el espacio y el sexto sentido el corazón relacionado con la vida, porque más allá del lenguaje poético que hace de este músculo el centro, el corazón es la semilla del Hombre, porque de ella nace y con el tiempo, conforme se va creando se encierra en él, convirtiéndose en el gran misterio, incluso el celebro parte fundamental para la existencia tiene como principio el corazón – aclaro que no se está hablando en términos científicos sino desde la mística de las religiones –, así el corazón ejerce lo que tiempo después ejercerá el cerebro, “y Dios cerró el corazón del faraón”, “y María guardaba todo en su corazón”, dice el Antiguo y Nuevo Testamento, esto no significa negarse a amar, tampoco se relaciona con la sumisión, significa que el faraón se cegó ante el entendimiento y María reflexionó y aceptó la decisión y voluntad de Jesús como un signo de confianza y lealtad.
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