Cuando se es niño el mundo es un universo, no existen límites, tiempo, terrores, todo es eternidad, a causa de ello, el cuerpo no tiene una separación con las emociones, sensaciones, espiritualidad, razón ni sexualidad, todos los lenguajes dialogan en el interior, por ello el instinto siempre nos salva y nos alivia al permitirnos llorar ante todo aquello que nos hace daño física, emocional y espiritualmente, por ello, en un gran porcentaje de casos los niños se recuperan fácilmente de un golpe o una enfermedad, y cuando no es así en muchas ocasiones es porque los lenguajes que nos conforman han sido separados o violentados.
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